Cuando esperaba en la puerta de la casa de una compañera del colegio, la niña de 11 años fue abordada por un hombre que la llevó a una vivienda en construcción donde le quitó los pantalones, la tocó y la obligó a practicarle sexo oral. El caso es uno de los seis abusos sexuales por los que está acusado Oscar Emilio Fernández, de 40 años, y cuyo juicio oral comenzó ayer.

Con traje negro y una camisa celeste a rayas, el sospechoso de las violaciones, llegó esposado a la improvisada e incómoda sala que se habilitó en la planta baja de Palacio de Justicia, en La Madrid al 400. Se sentó al lado de Mario Mirra, su abogado defensor, y escuchó atentamente al secretario Carlos Lix Klett que leyó la acusación que realizó la fiscala de Instrucción de la VI Nominación, Adriana Giannoni.

En el requerimiento de elevación a juicio le imputaron al presunto violador serial cinco abusos sexuales con acceso carnal y un abuso sin acceso carnal. A dos de ellos, Giannoni agregó privación ilegítima de la libertad.

El antecedente

La fiscala acusó a Fernández luego de que los rastros genéticos del imputado, que habían sido utilizados en otro juicio, fueran cotejados con los hallados en cinco de estos seis casos. El sospechoso estuvo acusado por dos mujeres que dijeron que durante 2007 conocieron a dos muchachos en un boliche de El Abasto, con quienes compartieron tragos. Lo siguiente que recordaron es que se despertaron desnudas en una casa de El Manantial, con los dos muchachos y otro hombre más. Uno de ellos era Fernández.

A principios de julio de 2010, la sala VI de la Cámara Penal los absolvió por falta de pruebas, pero Giannoni usó las muestras de ADN de esa causa para identificar al presunto violador serial. El acusado fue detenido dos meses y medio después de haber sido absuelto.

En el debate oral de ayer, la fiscala de Cámara Juana Prieto de Sólimo, que lleva adelante la acusación, pidió que el juicio se celebre a puertas cerradas, ya que las víctimas tenían al momento del ataque entre siete y 11 años. El presidente del tribunal, Pedro Roldán Vázquez, aclaró que así se hará si resultara necesario, e informó a la prensa de la obligación de preservar datos que identifiquen a las víctimas, de acuerdo con la Ley de Protección de Menores. Fernández se sentó frente a los miembros de la sala I de la Cámara Penal, integrada por Roldán Vázquez, Alfonso Zóttoli y Emilio Páez de la Torre. "Voy a declarar después", manifestó, y usó su derecho de abstención. Ese "después" llegó apenas terminó de hablar el primer testigo.

Un hombre de 43 años contó que su hija le relató a principios de marzo de 2008 que había sido abusada por un hombre. La niña había ido a la casa de una compañera de colegio, en Yerba Buena, y como en la vivienda aún no había nadie, aguardó en la vereda. Allí fue abordada.

Esa noche, cuando salió corriendo del edificio en construcción donde abusaron de ella, se fue al domicilio de su compañera, y allí pasó la noche. Al día siguiente les contó a sus padres lo sucedido, y luego hicieron la denuncia. Después de las preguntas de Prieto de Sólimo y del querellante Álvaro Zelarayán, el padre tuvo que explicar por qué en su declaración había dicho que la habían secuestrado en un auto. "Es lo que dijo ella. Después, en cámara gesell, surgió que fue en una bicicleta", aclaró.

El acusado pidió declarar y dijo que él no sabe conducir, y que en la fecha de ese hecho estaba trabajando en el centro como albañil. Cuando la fiscala lo interrogaba sobre los horarios que cumplía, Mirra interrumpió. "No conteste más preguntas señor Fernández", expresó. Eso le valió un reto de Roldán Vázquez, ya que el acusado, una vez que acepta responder a preguntas, no puede recibir instrucciones de su defensor. Fernández le hizo caso. "No voy a contestar más preguntas", dijo, y así dio por terminada la audiencia de ayer.

Los seis casos 

En un matorral
Una niña de ocho años fue seducida por un hombre que le prometía juguetes, el 1 de febrero de 2008. La llevó a unos matorrales donde abusó de ella. Después la dejó abandonada en avenida Alem y pasaje Cabildo, donde la auxilió un hombre que al verla llorando, llamó a la Policía.

Cerca de canal sur
Una menor de 11 años fue amenazada con un cuchillo y obligada a subir en una moto, en la zona sur de la ciudad. En un cañaveral ubicado cerca del canal sur, en Los Chañaritos, el agresor sometió a la niña de diversas formas y luego la dejó en otro barrio, lejos de su casa.

En un cañaveral
El 7 de marzo de 2008, una niña de 10 años, en la zona sur de la ciudad, recibió la promesa de un hombre de que le regalaría juguetes. En un cañaveral la violó. El agresor se movilizaba en una moto, pero el ardid utilizado para atraer a la niña coincide con el primer caso.

Debajo del puente
El 27 de noviembre de 2008, una niña de siete años fue interceptada en Banda del Río Salí. La violaron hasta desgarrarla y la dejaron en el puente Lucas Córdoba con las manos atadas. La halló ocho horas después un transeúnte que escuchó sus sollozos. Tuvieron que operarla.

En Yerba Buena
El 11 de marzo de 2008, una niña de 11 años que esperaba en la puerta de la casa a una compañera en Yerba Buena, fue abordada por el agresor que la llevó a una casa en construcción. Es el único caso en el que hubo abuso pero no penetración. La menor logró escapar.

En el camino de sirga
El último caso que se juzga ocurrió el 6 de marzo de 2009. Una niña de ocho años fue víctima de un violador, que la abandonó en el camino de Sirga, en un cañaveral que pertenece a la facultad de Agronomía y Zootecnia de la Universidad Nacional de Tucumán.